Archive for septiembre, 2010

25 septiembre

Hipótesis confirmada: los embarazos vienen en tandas

panzasDespués de escribir el otro día el post sobre las formas en que se da la noticia del embarazo me sorprendí riendo con una amiga que, justamente, a poco de leerme me hizo la confesión: un bebé viene en camino. ¿Intuía yo acaso sobre su estado? No, no sabía de su búsqueda y tampoco soy médium. Un par de semanas antes mi prima me había dado la misma novedad y fue ese llamado el que me dio la idea de escribir sobre cómo se anuncia la llegada de la cigüeña. Y justo hoy me acabo de enterar que una amiga de mi hermana también está en la dulce espera.

No sé si es una ley conocida, pero para mí es verdadera: los embarazos llegan en tandas. Una vez que te enteraste de alguno cercano empiezan a registrarse cada vez más rayitas en los evatests amigos. Después hay lagunas en las que no se tejen escarpines ni se compran pañales. Pero pronto la rueda volverá a girar.

Cuando esperaba a mi hija me encontré rodeada de numerosos embarazos. Tenía tres panzas más grandes y dos más chicas, por así decirlo. Pasaba entonces el tiempo, mientras yo miraba cómo crecía mi panza y la comparaba con las que tenían fecha para un par de meses antes o un par de meses después. Con algunas, las más cercanas, compartíamos experiencias. Más de una vez nos miraron raro: tres embarazadas en una misma mesa llaman la atención, ajá. En ese grávido grupo se podía charlar de todo: estaba la que te avisaba que después del séptimo mes te sentías una ballena, mientras otra te preguntaba cuándo se le iban a ir las benditas náuseas.

Me parece que ahora, con estos tres embarazos recién anunciados, se acerca otra tanda de panzas como la que me rodeó hace poco tiempo. Están los que argumentarán que los bebés nacen todo el tiempo y que cuando uno está embarazada, o alguien muy cercano espera un bebé, las panzas se divisan a kilómetros de distancia. Que, en realidad, lo que parece una coincidencia es simplemente una forma de ver las cosas. Escépticos ellos, a mí me gusta mucho la teoría.

¿Creen ustedes que existe algo así como las “tandas de embarazo”? ¿Participaron de alguna o se sientieron la única mujer con panza cuando esperaban a su bebé? Acepto críticas: ¿es una teoría tonta y en realidad uno mira lo que quiere mirar?

19 septiembre

Esos pequeños ataques de furia llamados rabietas

La escena que reproduzco a continuación no es inventada. Ocurrió el fin de semana pasado, de noche, en un bar céntrico.
Madre, padre y bebé están sentados a la mesa. Llega la pizza. La niña pide un pedazo y la madre le da. La niña agradece, lo come y pide más. Cuando llega el próximo pedacito, la niña no lo quiere. Bueno, en realidad lo quiere, pero no quiere que se lo den sino tomarlo ella sola. Reclama con llanto que le den su propio tenedor. Cuando se lo dan, no logra con el tenedor agarrar el pedacito de pizza y, frustrada, se larga a llorar otra vez. Entonces la madre intenta pinchar por ella el pedazo, cosa que pone a la niña todavía más loca. La madre entonces le devuelve el tenedor, pero la nena ya no lo quiere. Ahora quiere agarrar la pizza con la mano, pero cuando lo hace se ensucia los dedos y entonces llora más fuerte. El padre quiere limpiarla con una servilleta, entonces la nena se enoja más. Entonces pide pizza, pero no, reclama cuchara, “pote” (postre) y una serie de juguetes que están en casa, tras lo cual se tapa la cara con las manos. Segundos más tarde, tenedor, servilleta y pedacito de pizza salen volando por los aires. Mientras la familia de la mesa de al lado mira con recelo la situación, la moza se corre para evitar que algo caiga sobre su cabeza. Y entonces, en el peor momento de la rabieta, los padres comienzan a reír.
Sí, lo confieso, me dan gracia las rabietas y a mi marido también. No puedo evitar tentarme cuando mi hija abandona su habitual calma para protagonizar un berrinche. Será que, tras haber vivido ya varios de estos episodios con ella, asumí que como madre estoy en una posición de nunca ganar: no importa lo diga o calle, lo que haga o deje de hacer, si a la pequeña le agarró uno de esos ataques de furia, sólo resta esperar. Por suerte, después de lloriquear y hacer pedidos un tanto incongruentes, se le pasa.
El pediatra dice que estas rabietas son muy comunes entre los 18 y los 36 meses. Es una etapa, ajá. Es la forma que tiene de sacarse la bronca cuando todavía no puede verbalizar lo que le sucede. Hay que lidiar con el momento y seguir adelante. Las primeras rabietas nos asustaron, pensamos que algo le dolía. Pero no le dolía nada. Era que estaba enojada. ¿Con qué? Con cualquier cosa, parecía enojada con la vida.  En el caso del bar, a los pocos minutos de haber revoleado todo por los aires, mi hija estaba cantando una canción de la tele y me pedía un abrazo. Se había olvidado, estaba en otra cosa. Sólo la lágrima que aún corría por su rostro recordaba aquel episodio tremendo.
 
¿Están pasando o pasaron con sus hijos por las famosas rabietas?  ¿Hay algo que funcione para calmarlos o sólo hay que esperar a que pasen? Se escuchan todo tipo de propuestas sedantes!!

12 septiembre

El anuncio del embarazo y las reglas de etiqueta

testembarazo¿Cuál es la regla de etiqueta a la hora de anunciar un embarazo? ¿Se hace primero el test casero o el análisis de sangre? ¿Se espera la primera ecografía? ¿O hay que cumplir con la norma no escrita de los tres meses?

En lo personal, fui bastante arriesgada. Conté que estaba embarazada cuando la segunda rayita del test apenas se había coloreado. Después hubo algún susto que no pasó a mayores, pero a esa altura ya los habíamos embarcado a todos en la aventura de los nueve meses. Y con mi marido pensamos: los mismos que ahora nos felicitan son los que van a poner el hombro si algo malo pasa. Por suerte, no pasó.

De algunos embarazos me enteré de prepo al notar con sorpresa la clásica curva desde arriba en la panza amiga o al advertir que la delantera de la muchacha en cuestión estaba que estallaba.  Supongo que son muchos los factores que juegan en la decisión. El temor a que algo falle siempre está presente, la naturaleza muchas veces despista. Si alguna vez la cosa no funcionó, asumo que uno debe querer anunciar el bebé casi cuando llegan las contracciones de parto para sí evitar falsas alarmas.

También están los que temen que esté fallado el test… aunque asumo que quienes se hacen más de una prueba casera desconfían no tanto de la tecnología sino de su suerte (sea buena o mala, según la perspectiva). Vamos, que tire la primera piedra quien no conozca a alguien que haya vuelto a la farmacia “porque este test está claro que no anda”!!! Y cómo andaba, nueve meses más tarde andaba a los llantos.

Otra cosa curiosa son las muy diferentes formas de dar el anuncio. Algunos no se la aguantan y tiran la noticia como bomba, por teléfono o mensajito. Otros son más sutiles y te dicen “No sabés, adivina, seguro que sabés, sí, es eso”. Y es eso nomás. O los que te tiran el test con las dos rayitas en la cara. También están los freaks que preparan la escena: sé de alguna loca que en vez de decirlo se ocupó de hacer un bulto con una sábana dentro de su remera, para darse la forma de panza, y luego les preguntó a sus descolocados amigos: “¿Acaso no me ven distinta?”.

¿Cuándo y cómo dieron ustedes la noticia? ¿Cuál creen que es la regla de etiqueta a la hora de anunciar un embarazo, si es que existe?

5 septiembre

Pedido solidario: se necesitan sillitas altas en bares

Este fin de semana me enfrenté dos veces a la misma y lamentable experiencia. Al salir a desayunar en familia descubrimos que todas las sillitas altas del bar estaban ocupadas. Un solidario comensal nos señaló que, en un rincón, había una de esas sillitas pero pronto detectamos el motivo de que no estuviera ocupada: era una sillita diferente, tan alta respecto de las mesas del bar que las piernas de mi hija quedaban entre el café con leche y las medialunas. Resumen: le tuve que hacer upa. 
Al día siguiente nos invitaron a cenar a un coqueto restobar del macrocentro. Y allá fue la familia entera, para descubrir, lamentos mediante, que el local era demasiado “cool” como para tener sillitas altas. Ni ocupadas ni rotas, esta vez directamente no había. La niñita volvió a terminar upa de sus progenitores y, ocasionalmente, de algún amigo. 

Cualquiera que tenga un hijo a mitad de camino entre bebé y nene sabe lo fundamental que es contar con una sillita alta en un bar. Si es bebé, bienvenido el cochecito. Si es nene, que se banque la silla tradicional. Pero cuando se está en el medio es complicado. Tenés que tener upa al crío, siempre interesado por investigar el mundo que lo rodea. Si tomás un café tenés que hacer malabares para que no te quite la taza o el contenido no le caiga encima, además debés ubicar lejos todos los cuchillos y tenedores por lo que muchas veces se opta por pedir empanadas o sandwiches para comer con la mano y obvio que, más allá de querer probar todo lo de tu plato, va a robar las servilletas y el pan. A quién no le ha pasado que alguna copa termina en el piso. Y la lista sigue. En una sillita la cosa es más fácil: el chico está controlado y tiene espacio propio para divertirse con sus juguetes.

Hablando con otras madres, descubrí que la ausencia de sillitas altas en bares no es tan inusual. Para mí, debería ser una obligación tener al menos un par (¿no lo es?). No estoy diciendo que los pubs destinados a público adolescente tengan sillas especiales para infantes. Tampoco estoy pensando en espacios tipo boliches. Pero me siento un poco ofendida cuando restaurantes, bares e incluso restobares tan coquetos como al que fuimos invitados no tienen sillitas altas. Es como invitarte a que no vayas más. ¿Las explicaciones de dueños/encargados/mozos? Que no da el presupuesto, que no suelen recibir chicos como clientes, que las sillitas altas ocupan lugar y complican el paso con bandejas, etcétera. Me da bronca porque incluso si los que me dan explicaciones no son padres o madres está claro que alguna vez fueron hijos. Pero de esa etapa se olvidaron. Enojada, al bar cool lo taché de mi lista, aunque salga en pareja sin mi hija prefiero ir a otro lugar.

¿Les pasó a ustedes alguna vez no encontrar sillita alta en el lugar donde fueron con sus hijos? ¿Pueden manejar al crío upa, cómo se las arreglan? ¿Tienen bares preferidos y otros que hayan sacado de su lista?  ¿Acaso quienes salen con nenes están “condenados” a restaurantes con pelotero?