Archive for octubre, 2010

31 octubre

Esa curiosa relación entre la embarazada y su obstetra

“Y me dio el alta. Siento que me abandonó”. Traté de no reírme porque hablaba en serio, pero se me hizo difícil. Mi amiga, madre hace cuarenta días de un rozagante bebé, me contaba el sentimiento de tristeza que le había generado su más reciente visita al obstetra. Y no mentía. Me aseguraba, muy acongojada, que tras nueve meses de compartir sus miedos, sus dudas y sus angustias con el médico se había establecido una relación de confianza que había crecido tanto como su panza. Y que incluso en las largas horas de trabajo de parto se había afianzado ese vínculo, que se había visto coronado por el nacimiento del bebé. Me confesó que ella había demorado lo máximo posible esta última visita al consultorio porque sabía lo que venía. “Me dijo que ya estoy bien, que consulte con el ginecólogo cuando quiera dejar de dar la teta o para un PAP en unos meses”, me lloriqueó, sin entender que el profesional le daba en realidad una buena noticia.

Pobres y dedicados obstetras, siempre acosados por mujeres panzonas llenas de dudas, recibiendo llamados a toda hora. Quién no los ha puteado por haber quedado colgada en la sala de espera, al verlos salir corriendo para hacer una cesárea de emergencia. La bronca es lógica pero no da lugar a enojo: uno piensa si en el futuro no será una la responsable de dejar varados a los demás pacientes.

No son todos iguales: están los que te tratan de “mami” y te abrazan, ideales para las que buscan contención; también los hay más respetuosos y profesionales. No da para elegirlos a dedo entre los profesionales de la cartilla que te ofrece la obra social: uno pregunta a conocidos, chequea antecedentes. Como diría mi tía: tenés que realmente confiar en tu médico de cabecera, tu psicólogo y tu ginecólogo. Y, bueno, en vez de ginecólogo léase “obstetra”, es lo mismo.  Aunque, al final, la elección siempre se remite a lo mismo: cuestión de piel.

Recuerdo el caso de una mamá de la clase de preparto: llegó de siete meses y comentando, al pasar, que había visitado a tres obstetras antes de decidirse, hacía poco. Otras se habían definido por el médico que había atendido el reciente parto de una amiga, incluso una había elegido al mismo profesional que la había traído a ella al mundo. Pensé entonces qué suerte tenía yo: mi ginecóloga es además obstetra, más que elección sentí una lógica continuidad.

El tema con los obstetras, como le pasa a mi amiga, es bastante particular. ¿Cómo no establecer una relación especial con quien te cuidó en un momento sensible de tu vida y además oficio de medium para traer a tu hijo al mundo? Se entiende: después de depositar tanta confianza en el profesional, es difícil desprenderse del vínculo.

“¿Quién me va a dar contención ahora, el pediatra?”, me preguntó mi amiga. No, no es lo mismo un pediatra que un obstetra. Pero al menos se tiene a otro profesional enfrente para acribillarlo a preguntas, actividad digna de toda madre que se precie de tal.

¿Cómo eligieron ustedes a su obstetra? ¿Fue “amor a primera vista” o visitaron varios consultorios antes de decidirse? ¿Les tocó vivir esas esperas interminables fuera del consultorio mientras el profesional se había ido a atender a las corridas un parto? Confiesen: ¿Lo extrañaron después del parto?

25 octubre

¿Los chicos se enferman al menos una vez por mes?

"María va a la pediatra". Hans Döring.

"María va a la pediatra". Hans Döring.

Puede que te hayas comprado la entrada para ver a ese cantante que te apasiona desde hace tiempo, que hayas organizado una escapadita romántica de fin de semana o que hayas confirmado tu presencia en esa reunión de ex alumnas que finalmente se hace después de décadas. Pero tus hijos se enferman. Recital cancelado, viaje suspendido, reunión de ex alumnas pendiente al menos hasta la otra década.

Los chicos se enferman todo el tiempo: lo dice mi pediatra cada vez que vamos y le planteamos, preocupados, “qué pasa con la nena que se enferma tan seguido”. Una anginita, un resfrío, una fiebre repentina que se va tan rápido como apareció, alguna eruptiva, también está la alergia, problemitas de oído, una infección urinaria, algún codo que se sale de lugar. La lista de donde elegir es larga (no es que todo le haya pasado a la mía, resumo lo que anda dando vueltas). Nada grave, en general. Pero lo suficientemente molesto como para llamar al médico, pedir sobreturno y hacerse la escapada, sin importar los planes que se hayan tenido en mente.

Las estadísticas que leí en sitios médicos dicen que los chicos, entre el año y los cinco, se enferman en promedio una vez al mes. La teoría indica que es porque los primeros meses tienen las defensas heredadas de la madre, pero pronto se quedan solitos con su sistema inmune recién estrenado y agarrate Catalina.

Claro que este invierno mi hija no se enfermó una vez por mes. Se enfermó como cinco veces en un mes. Supongo que otras madres se habrán visto beneficiadas con hijos super sanos esta temporada. ¿Acaso no funciona así? Debería. Digo, ya que les “robé” las enfermedades de sus hijos, flor de acaparadora. ¡Alguien debería tener descanso estadísticamente!

Los chicos se enferman tan seguido que, casi sin darte cuenta, te sabés de memoria la dosis de los antitérmicos. Sabés que uno viene con gusto a banana y a tu hija no le gusta, pero en la farmacia de la vuelta venden el de gusto a frutilla que probaste y es rico. Y comentás con otras madres los beneficios de darles refuerzos de hierro, que si es mejor el que viene solo o el combinado con ácido fólico, los beneficios de sumar vitaminas o variar la alimentación.

Así como se te enferman se te sanan en un rato. Y por supuesto después de la enfermedad viene la otra etapa, la mamitis: los tenés colgados de tus pantalones por días, queriendo chupete a toda hora, lloriqueando por cuestiones poco claras, en fin, reclamando mimos. Y se los das. Y después vuelven a la normalidad. Hasta que, oops, adiviná qué: se enferman otra vez.

¿Se les enferman seguidos los chicos a ustedes también?¡¡ No me digan que soy la única acaparadora!! ¿No sienten a veces que los chicos están más enfermos que sanos? ¿Cuál fue la última cita que debieron cancelar por alguna enfermedad sorpresiva? ¿Hay algún método que funcione para tener a los chicos saludables o solo hay que tener paciencia?

20 octubre

Madres negadoras: en toda familia hay al menos una

¿Si dolió el parto? No, apenas, los últimos pujos. ¿Si el bebé tenía cólicos? Algunos, pero se le pasaban rápido. ¿Que si el nene no dormía? Mmm, no,  siempre durmió bien.

Tremendo. Lo peor es que son una plaga. Hablo de las madres negadoras. Porque no son mentirosas. No. Son sugestivamente olvidadizas. O, en todo caso, son mentirosas que se creen sus propias mentiras.

Tengo un caso más que cercano y me da risa. No digo el nombre porque me lee (sí, hablo de vos, te adoro pero sos así!!!). Porque mientras ella contesta con calma las preguntas de rigor, yo al lado me río de sus respuestas y le recuerdo: “Piba, el parto te re dolió, saliste diciendo que te había pasado por arriba un camión”. “Nena, llorabas como loca por los cólicos, ¿no te acordás?”. “Pero los primeros meses no dormía nada y vos eras una muerta viva!!!”.

Y del otro lado, cara perpleja. “¿En serio? Es que fue hace tanto que no me acuerdo bien”. No se acuerda o no se quiere acordar, siempre tengo la duda. No la juzgo. No lo hace de mala, me consta. Ella funciona como muchas otras madres que conozco. Es como si los malos recuerdos de los primeros tiempos se hubieran esfumado por arte de magia.

El tema es que, aunque no lo hagan a propósito, las madres negadoras generan una angustia tre-men-da en las nuevas madres. Porque las nuevas madres (léase: con bebés menores de seis meses) están en la etapa terrible de no entender qué le pasa al bebé, de los llantos eternos, de los cólicos que no paran, de las mil vacunas, de las noches sin dormir, de la rutina que agota… En fin, de esa etapa en la que te encontrás meditando a las 3 am en qué carajo estabas pensando el día que decidiste ser madre.

Y mirás a las otras y te sentís una ama de casa desesperada. Las ves espléndidas, organizadas, divinas, con bebés salidos de una publicidad de Cheeky. Y vos te mirás al espejo, con el pelo de dos colores, las ojeras hasta el piso, sentimientos totalmente encontrados en tu cabeza y tu corazón. Y decís ¿”Esta quién es?”.

Sos vos, creeme, en el fondo ese fantasma sos vos. Si querés llorar, llorá, como decía Moria. Gritá, si te hace bien. Pero cuando puedas respirá hondo. Te juro que esta tremenda etapa va a pasar. Las cosas mejoran. Los chicos crecen y se vuelven un poco (no mucho) más entendibles. Y vos te rejalás. No sé si con el tiempo te volverás una madre negadora o te unirás a mi grupo de madres que no mienten (otra especie de temer). Pero definitivamente, creeme, la vas a pasar mucho mejor. Y a las 3 am vas a estar considerando si no tenés otro. C’est la vie.

16 octubre

¡Feliz día a todas las madres!

Para celebrar el Día de la Madre, una reflexión con bastante humor que me llegó por email. La que diga que no se siente identificada… ¡miente!

¿Quién es tú mamá ?

- Mamá es esa señora que lleva en el bolso un pañuelo con mis mocos, un paquete de toallitas, un chupete y un pañal de emergencia.

- Mamá es ese cohete tan rápido que va por casa disparado y que está en todas partes al mismo tiempo.

-Mamá es esa malabarista que pone lavarropas con el abrigo puesto mientras le abre la puerta al gato con la otra, sosteniendo el correo con la pera y apartándome del tacho de basura con el pie.

-Mamá es esa maga que puede hacer desaparecer lágrimas con un beso.

-Mamá es esa forzuda capaz de llevar en un solo brazo mis 15 kilos mientras con el otro entra el chango lleno de mercadería.

-Mamá es esa campeona de atletismo capaz de llegar en décimas de segundo de 0 a 100 para evitar que me caiga por las escaleras.

-Mamá es esa heroína que vence siempre a mis pesadillas con una caricia.

-Mamá es esa señora con el pelo de dos colores, que dice que en cuanto tenga otro huequito, sólo otro, va a la peluquería.

-Mamá es esa cantante que se inventa las canciones más tontas que me hacen reír y bailar.

-Mamá es esa chef que es capaz de hacerme una cena riquísima con dos tonterías que quedaban en la heladera porque se le olvidó comprar, aunque se quede ella sin cena.

-Mamá es ese médico que sabe con sólo mirarme si tengo fiebre, cuánta, y lo que tiene que hacer.

-Mamá es esa economista capaz de ponerse la ropa de hace cientos de años para que yo vaya bien vestido.

-Mamá es esa cantante que todas las noches canta la canción más dulce mientras me acuna un ratito.

-Mamá es esa sonámbula que puede levantarse dormida a las 4 de la mañana, mirar si me he hecho pis, cambiarme el pañal, darme jarabe para la tos, un poco de agua, ponerme el chupete, todo a oscuras y sin despertarse.

-Y eso no es todo. además trabaja fuera de casa.

¿La ves? Es aquélla, la más guapa, la que sonríe.

Un beso enorme para todas las madres, para todas las futuras madres, para todas las madres del corazón… y también para todos los hijos y los padres que soportan a las madres!

11 octubre

El curso de preparto o la hermandad de las panzonas

No estaba ni de tres meses cuando le pregunté a mi obstetra sobre los cursos de preparto. Me contestó que ya habría tiempo, claro, ahora que lo pienso yo estaba demasiado ansiosa. El tema es que me encantaba leer libros sobre el embarazo, el parto y esas cosas, me parecía que estar más informada era una manera de tener más control sobre las cosas (qué gracioso, ¿no? Una verdadera misión imposible si te enfrentás a la madre naturaleza). Mi hermana, madre de dos, se reía de mí. Su experiencia con el curso fue breve: fue una clase, la otra no tuvo ganas, a la tercera anunciaron que iban a pasar un video de un parto, eso la asustó y decidió no volver. Daba igual:  tuvo a su primer bebé a los pocos días, bastante antes de la fecha probable de nacimiento. Sin embargo, yo veía al curso como la posibilidad de acribillar a alguien con todas mis dudas y dejar tranquila a mi obstetra.

Debo reconocerlo, el curso de preparto me sorprendió. Para bien y para mal.

Para mal. Hubo información, bastante, pero nada nuevo de lo que me habían dicho los libros. La gimnasia preparto era bastante liviana, considerando que yo estaba haciendo pilates, esferodinamia y otras yerbas. De hecho, me parecían chistosos los ejercicios: muchas panzonas caminando como perros o intentando agacharse y levantarse rápidamente, je. No me asustó el video del parto… porque aunque lo anunciaron jamás pasaron uno. Me entusiasmó la propuesta de visitar la sala de partos… pero nunca se concretó. Claramente, la coordinación no era el fuerte del curso, una lástima.

Pero también me sorprendió para bien. Lo mejor fue poder conectarme con esas mujeres panzonas con fechas de parto muy parecidas a las mías. Entrar al curso era ingresar a una dimensión alternativa en donde todo el mundo tenía un bebé en la panza: ¡un lugar en donde todas estaban igual de locas que uno! Estaba bueno poder preguntar cualquier pavada, escuchar que otra decía lo mismo que vos no te animabas. Sentir hermandad con alguien desconocido simplemente por tener ambas los pies hinchados. Que te pasaran recetas para dormir mejor o direcciones de negocios de ropa de bebé con descuentos. Servía también a los padres porque podían quejarse de las locas que tenían al lado.

Eso sí: una de las chicas tuvo al bebé sietemesino y eso nos alteró a todas. Salimos corriendo a armar los bolsos, a preparar la lista de teléfonos de urgencia, a comprar esas cosas que íbamos a dejar para último momento. Sentíamos que había sido ella casi por “lotería”. Una semana, estaba en el curso. En la otra, su bebé estaba en neo (todo bien por suerte). Pero la angustia llegó al pico máximo hacia el final del curso, que terminaba… cuando se desinflaba la última panza. Quizá sea demasiado arriesgado, pero me tienta comparar la situación con una adaptación libre de “Diez indiecitos”, la novela de Agatha Christie.  Cada clase del curso, había “una panza menos” y las demás nos mirábamos como reconociéndonos aún “panzonas”. Ni hablar si alguna llegaba tarde: se debatía si habría sido parto natural o cesárea, cuando en realidad se había parado a tomar un helado a una cuadra, la queríamos matar. Encima, confieso: ¡mi hija fue la última en salir!

Nos prometieron una ”reunión de puerperio”… pero jamás nos llamaron, por supuesto. Igual, nos las ingeniamos y vía sms nos reencontramos tras los partos para ponernos al día. Nos dio mucha impresión vernos con los chicos en brazos y “tan flacas” todas… bueno no “tan tan” flacas pero hay que considerar que nos habíamos conocido con tremendos kilos de más, cuando casi estábamos por explotar… Y esa tarde hubo mucho llanto y chupete, pero también mucha charla, otra vez ese sentimiento de hermandad en el aire y la bonita sensación de que cuando nos crucemos por la calle dentro de cinco o diez años nos vamos a seguir sintiendo “hermanas de panza”. Sí, definitivamente recomiendo los cursos de preparto.

¿Ustedes hicieron algún curso de preparto? ¿Les gustó o lo odiaron? ¿Lo recomiendan a amigas con panza? ¿Tienen alguna anécdota que hayan vivido en ese espacio?

6 octubre

La maternidad, el gimnasio más barato

Nunca tuve los bíceps tan bonitos y firmes como en esta etapa maternal. Claro que fui al gimnasio en mi época pre-baby, pero en ese entonces torneaba otras partes: confieso que no me entusiasmaban demasiado las benditas mancuernas. Ahora ni tiempo tengo de pasar por los gimnasios, salvo para buscar el folleto con los horarios y  dejarlo pegado en mi heladera (hay cuatro de esos, nunca me anoté). Pero sin visitar el gimnasio se ha producido el milagro: mis brazos lucen de lo mejor. Dos o tres veces al día, especialmente cuando uso mangas cortas en jornadas primaverales, amigas o conocidas me preguntan qué ejercicios hago para lucir así. Y no hay secreto: la mitad del día llevo en mis brazos una “simpática mancuerna” de diez kilos. A la “simpática mancuerna” le gusta caminar, sí, pero se cansa a las pocas cuadras y hay que darle un respiro. Sube entonces la mancuerna a los brazos de su madre, disfruta de la vista y a las pocas cuadras baja y sigue caminando contenta. La mancuerna también pide upa antes de dormir, a la tardecita, cuando está cansada de la vida pero todavía no se rindió al sueño. Y ni hablar si la mancuerna se enferma o tiene uno de “esos días”. Mancuerna pegada al cuerpo para cocinar, limpiar y el resto de los quehaceres. Imaginen, entonces, todas las horas de gimnasio gratuito que tengo por estos días. Y no hablo solo de los brazos: las piernas también se tornean cuando se suben escaleras con la mancuerna, lo mismo los glúteos, la cintura se afina cuando se buscan los juguetes en el piso unas diez veces al día, y el ejercicio aeróbico es gratuito cuando se corre tras la mancuerna. Otro dato a tener en cuenta: entre el trabajo, la mancuerna viviente, la rutina del hogar y esas cosas, probablemente una se pierda alguna que otra comida. El resultado: igual que ir a Slim Center, Ravena, Gordos Anónimos. Para verse fantástica, unos trucos extra: tratar de dormir o usar corrector de ojeras. E intentar, en lo posible, no llenarse de dulces para levantarse el ánimo al final de algún duro día maternal (a lo sumo guardar en la alacena de emergencia una barrita de cereal con un toque de chocolate). Y boom: otra que los programas de “Antes y después”. Una se convierte ¡¡¡de madre abnegada en Valeria Mazza!!! Y bue, será un poco exagerado, pero está bueno ver el vaso medio lleno.

1 octubre

Prestame el cochecito que te paso el andador

El otro día leía en un diario extranjero un artículo sobre cuánto “costaba” ser madre. No, no hablaba de las noches insomnes ni de las eternas visitas al pediatra en invierno. Estaba planteado en términos económicos. Sumaba los costos del embarazo y el parto, las vacunas, la ropa y los múltiples “baby-artefactos” (como el catre, la cuna, el cochecito, etc.). No los quiero deprimir, pero era lo suficiente como para unas buenas vacaciones en México. Tipo all-included, je.

En mi caso, sin embargo, debo admitir que la maternidad me viene saliendo bastante barata. Tengo suerte. No zafé de pagar los gastos de internación tras el parto ni de las vacunas. Pero mis primas me prestaron mucha ropa mientras crecía la panza, incluso unas amigas me regalaron un jean maternal (justo en la mitad de una crisis de guardarropas, gracias chicassss!!). Mi mamá aportó dinero para la practicuna, mi cuñada la bañerita top con duchador incluido, mi hermana me pasó el catre aunque terminé usando el de mi otra prima. Además, mi cuñado, exagerado, me entregó tres gigantescas bolsas el día que cumplí los tres meses de panza. Y me aclaró que no había devolución: estaba contento de por fin limpiar el placard, ya habían cerrado la fábrica. Adentro había toneladas de ropas y zapatos: algunas prendas habían pasado de moda, otros no eran de la talla de mi hija, pero a la mayoría le dimos un buen uso.

Además, ligué paragüitas y sillita de comer de otra familia que no quería más hijos y no tenía más lugar en su casa. Me cayeron en suerte tres pares de zapatillas hermosas de un nene de la hija de una amiga de una amiga (creo que la vi una vez en un cumpleaños, me vinieron bárbaro). Una amiga me prestó el andador, que fue devuelto al poco tiempo cuando volvió a crecerle la panza. Sí me compré el cochecito tipo cuna, que lo usé y recontra usé, buena inversión.

Como se puede apreciar, no tengo reparos a la hora de aceptar préstamos, sean definitivos o no. Obvio que me siento más cómoda cuando las bolsas vienen de una familia “ya terminada”. Pero cuando necesito algo y me lo prestan aunque sea un ratito, agradezco. Sé de madres que no piensan igual: no aceptan nada “usado”. Algunas por coquetas, prefieren armar el ajuar y que esté todo al tono. Otras por una cuestión de “vibra”, quieren arrancar con el bebé de cero, sin karma. Claro que también están las que, ajustadas en la billetera, aceptan todo les guste o no. Y están las que aceptarían cualquier cosa pero nadie les ofrece (tremenda derivación de las “tandas de bebé” que hablamos el otro día)!!

¿A ustedes les viene saliendo barata o cara la maternidad? ¿A qué grupo pertenecen? ¿Aceptaron préstamos durante su embarazo? ¿O prefirieron/no tuvieron más opcion que comprar todo de cero? ¿Se convirtieron luego en las “prestamistas” o “prestadoras”?