La verdadera disputa es Reutemann-Cobos

9 Febrero, 2010

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Reutemann es así. Pueden pasar meses sin que nadie sepa de su existencia. Pero de golpe aparece y sacude el tablero con alguna declaración estridente.

En realidad, no era así antes, cuando gobernaba Santa Fe y su discurso solía ser monocorde y sin definiciones tajantes. Para decirlo desde el punto de vista del trabajo periodístico: sacarle un título era una misión imposible.

Algo parecido pasaba, en la misma época, con Hermes Binner o Fernando de la Rúa, por ejemplo. Eran los “moderados” y esa característica se convirtió en virtud para sus carreras políticas en medio de la fiesta menemista.

El Lole, que llegó a la política de la mano del riojano y sin dudas compartió su proyecto de país, pudo con sus silencios, con su actitud de dirigente alejado del show y que no era parte de los fines de semana largos en Anillaco, con sus estratégicas indefiniciones públicas, construir una imagen de administrador austero y salvarla de la debacle que sufrieron Menem y sus adláteres . Y no sólo eso: las elecciones del año pasado demostraron que también pudo surfear la ola expansiva de los dos puntos más oscuros de su gestión en la provincia –las inundaciones de 2003 y las muertes de 2001– sobre los que Binner, dejando su propia moderación de lado, machacó durante toda la campaña.

Ya en ese momento apareció un Reutemann diferente, dispuesto a confrontar con el socialista sin guardarse nada. La guerra verbal de los ex moderados se hizo tan áspera como sorprendente.

Pero el Lole, después de los festejos por el triunfo electoral sobre Rubén Giustiniani y la “traición” de Roxana Latorre –que el senador coronó diciendo que el kirchnerismo “se meta la candidatura presidencial en el culo”–, volvió a desaparecer del centro de la escena, mientras la candidatura presidencial con la que había amenazado en el verano anterior parecía desvanecerse para siempre.

Aunque, dice la canción, nada es para siempre. La experiencia demuestra, por ejemplo, que en política no lo son las ideas ni los acuerdos. Menos lo es la moderación. Y tampoco los silencios.

Reutemann reapareció este febrero para atacar con virulencia al gobierno nacional. “Con tal que, cuando se vayan en 2011, no se hayan afanado la Casa Rosada y la Plaza de Mayo, vamos a estar contentos los argentinos”, afirmó, según se encargó de difundir su propia oficina de prensa.

Es decir, no fue un exabrupto, no se fue de boca. Tuvo la intención de que en todo el país se conozca cada punto y cada coma de las frases que pronunció ante un grupo de productores agropecuarios del norte de la provincia de Santa Fe. Y volver a ubicarse en el centro del ring.

La pregunta es: ¿por qué ahora? Acaso haya que tener en cuenta algo que Reutemann venía diciendo en los últimos tiempos en privado sobre su posible postulación presidencial: a Julio Cobos no hay con qué darle.

Pero el rol de Cobos en el conflicto en torno al Banco Central, y fundamentalmente su posición –aunque ambigua– a favor del alejamiento de Martín Redrado, golpearon la relación del vicepresidente –otro que buscó hacer de la moderación virtud– con la UCR, el establishment, la corporación mediática y los sectores sociales que, luego del voto no positivo, lo catapultaron al lugar de gran esperanza blanca antikirchnerista.

Ese es el cetro que, traspié del mendocino mediante, el Lole cree ahora que puede volver a pelear para sí. Sólo si lo consigue dará el paso sobre el que ha meditado hasta la exasperación en los últimos años: aceptar ser candidato presidencial. Parece tener una certeza: en la Argentina, para jugar en las grandes ligas de la política, hoy no hay espacio para la moderación.


La paradoja de Binner

4 Enero, 2010

 

Son las paradojas de la política. O, en todo caso, de la crisis de la política. Hermes Binner se ha convertido en objeto de deseo hoy desde las distintas vertientes opositoras que sueñan con desplazar del poder al kichnerismo y aún del mismo kirchnerismo, donde la posibilidad de tentar al santafesino con ser compañero de fórmula ha circulado en repetidas ocasiones.

Lo curioso es que esto se da en el peor momento de Binner desde que asumió la Gobernación santafesina, no sólo por la verdadera barrera en que se ha convertido para sus proyectos la mayoría justicialista en el Senado –que festejó la llegada del nuevo año dejando al mandatario sin reforma tributaria– sino también porque por primera vez en dos años las encuestas empiezan a reflejar un desgaste sobre su figura.

Así, mientras al interior de la provincia el camino no parece justamente alfombrado, fronteras afuera le abren a Binner diversos caminos que, sin reelección en Santa Fe, deberá decidir si transita o no.

Hay uno al que ya le dijo que no: descartó de un plano un posible acuerdo con el kirchnerismo. Tampoco lo seduce ser segundo de Julio Cobos en una fórmula del Acuerdo Cívico al que lo quiere llevar el radicalismo.

En cambio, muchos creen que la que más lo seduce en la personal es la invitación que le formuló Pino Solanas, para que encabece una fórmula compartida, a la que también está dispuesto a reportar Luis Juez. La “tercera vía”, como la llamó el cordobés, no sólo arrancaría con peso en tres distritos fundamentales, como la provincia mediterránea, Capital y Santa Fe, sino que además podría ser refugio de amplios sectores de centroizquierda que se quedarían huérfanos de representación con candidaturas como las de Cobos, Duhalde, Reutemann, y que a la vez no se sienten contenidos o directamente no creen que haya futuro en el kirchnerismo.

Pero si bien correr la carrera presidencial puede estar dentro de los intereses de Binner, hay otra prioridad para él y el socialismo: buscar la fórmula para retener la provincia de Santa Fe frente a un peronismo que, hoy por hoy, se pelea a nivel nacional, pero del arroyo del Medio pudo dejar diferencias de lado a la hora de frenar los planes del gobierno santafesino de hacerse de una caja para satisfacer demandas salariales y sociales y, a la vez, avanzar con proyectos de obra pública.

Ahí está el dilema. ¿Si quieren retener la provincia, pueden Binner y su partido alejarse de un radicalismo que no sólo se fortaleció en junio a nivel nacional sino que también lo hizo a nivel provincial en las elecciones de concejales en territorio santafesino?

Los radicales sufrieron desprecios varios en los últimos años. De una sociedad que en su momento le dio la espalda y de un socio, el socialismo, que se aprovechó de esta situación mediante la utilización de su estructura territorial pero, entienden en el partido de las boinas blancas, sin pagar como debía.

Ahora creen que la tortilla se dio vuelta y van por todo. Y ese todo incluye la Gobernación santafesina. Pero para la UCR la cosa es al revés que para el socialismo: primero hay que garantizar la estructura para que Cobos sea presidente.

Por eso, radicales y socialistas tienen una negociación amplia y compleja por delante. En la que Binner y el papel que cumplirá en 2011 serán un factor central. Es en ese marco que Pino metió la cola.


El Flaco, algo más que un amor de primavera

8 Diciembre, 2009

 El viernes pasado estuve en Vélez. Con amigos, fuimos a ver a Spinetta, en esas cinco horas y pico de magia, emoción, belleza e historia. Sí, porque hizo historia el Flaco. O, en todo caso, demostró que ya la había hecho. Pero que además está dispuesto a seguir haciéndola.

No hace falta escribir una crónica del recital más largo y más bello que miles de los que estuvimos allí hayamos visto: las hay muy buenas en los diarios del domingo.

Sólo quiero contar la experiencia personal: es martes, es feriado, estoy trabajando en la Redacción de Rosario3.com, y todavía suenan en mi cabeza las canciones del viernes: las del Flaco y también las versiones de otros autores que en la voz y con los arreglos de Luis lucieron más luminosas de lo que siempre fueron.

Gracias, Flaco. Gracias a los músicos, los de todas las épocas. Los que nunca había visto en vivo, como los de Almendra y Pescado. Y los que sí.

Hubiera sido maravilloso que se cumpliera ese “los invito a todos a mi casa” que Luis Alberto dijo en un momento de emoción entre tema y tema, en alusión a lo buena que estaba la noche.

Las melodías que sonaron en Vélez, y todas las que el Flaco hizo en todos estos años de gente, son parte de la banda sonora de mi vida. Y ahora, como el amor de primavera de Tanguito, “andan dando vueltas” por aquí.

 


Inseguridad y sordera

15 Noviembre, 2009

El miedo no es zonzo. Es sordo.

Y, con la inseguridad en el primer plano mediático, son épocas en las que escucharse se hace difícil.

Eso pasa, por ejemplo, en los negocios. Ahora para entrar hay que tocar timbre, pasar una puerta con triple cerradura y en el viejo mostrador vidrios blindados aislan a los empleados y, sobre todo, la caja registradora.

Todo se explica por el miedo a los robos. Pero tanta medida de seguridad tiene un costo: la incomunicación. Y eso pega fuerte en algo que debería ser central para cualquier comercio: la atención al cliente.

Me sorprendí, por ejemplo, al entrar un sábado a la mañana a una farmacia de la zona de La Cautiva. Algo era claro: allí nadie estaba para decir el mentado “te conozco”. ¿Cómo te van a conocer si ni siquiera te escuchan? Todo el mundo hablaba a los gritos.

—Necesito algo para diarrea—, pidió un muchacho que se había pasado de daikiri la noche del viernes.

—¿Para la piorrea?—, fue la respuesta del otro lado del mostrador. Lo que desnudaba no sólo dificultades para escuchar: estaba claro que el pibe no tenía justamente problemas con sus dientes.

La gente parecía tomarlo con naturalidad. La empleada no sólo no entendía lo que le pedían. En algunos casos, no era ella quien informaba los precios a los clientes sino los clientes a ella. Es que algunas ofertas estaban pegadas en el blíndex, apuntando para afuera, y la pobre no alcanzaba a descifrar los números al revés.

Sí, todo eso hacía que demorara más de la cuenta en terminar de atender a cada cliente. Cuando me tocó el turno me olvidé lo que había ido a comprar. Pero pedí gotas para las oídos. “¿Tiene frío?”, me dijo, y corrió a apagar el aire acondicionado.

Al final no llevé nada. Cuando llegué a casa mi mujer protestó: “¿Cómo que venís con las manos vacías? ¿Y el desodorante?”. La empleada de la farmacia se salvó: con el blíndex tampoco pasan los olores.

Yo me quedé pensando. El valor seguridad ganó tanto espacio que a esta altura muchos comerciantes lo ponen primero que la que supo ser la frase de cabecera de cualquier negocio: “El cliente siempre tiene razón”.

Es un dilema difícil. ¿Cómo no va a tomar recaudos alguien que cree que puede estar en riesgo su capital y hasta su vida? Pero al mismo tiempo, ¿se justifica tanto temor y pagar un costo tan alto por el mismo?

Mientras tanto, seguro hay alguien(es) haciendo su negocio. Y no es ni el comerciante ni la pobre mujer que ahora bucea en las góndolas de un supermercado de nombre francés en busca de un desodorante para su sudoroso marido. Allí nadie le va a preguntar si lo que necesita es un energizante.


Como Batman y Robin

29 Octubre, 2009

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Mar del Plata.- Parecían Batman y Robin. Eduardo Duhalde y Rodolfo Terragno se presentaron como un equipo este jueves en el Coloquio de Idea, que se realiza en Mar del Plata, donde compartieron una conferencia sobre consenso y competitividad. Un dúo dinámico dispuesto a caminar las provincias, ir a las embajadas, convocar a partidos políticos, sectores sociales y económicos en pos de un acuerdo nacional que, entienden, llevará a la Argentina a cumplir la condena al “éxito” que el bonaerense declamó cuando asumió como presidente en el año 2002.

Terragno, en su papel de Joven Maravilla, hizo recordar a uno de los villanos de la política que supo combatir y a quien su Batman acompañó y luego enfrentó: Carlos Menem, que en esta película podría tener el papel del Guasón. “Estamos peor de lo que muchos creen pero la solución es más fácil de lo que imaginamos”, dijo Terragno. La frase remite al “estamos mal pero vamos bien” del riojano, aunque en este caso sería “estamos más pero iremos bien”.

Lo que según Batman y Robín Argentina necesita para no ser una infernal Ciudad Gótica es este gran consenso que establezca una serie de puntos básicos que deberá cumplir sea quien sea el que gobierne para 2011.

Hay, en este punto, matices entre lo que proponen el Hombre Murciélago y el Joven Maravilla. Sobre todo en cuanto a la actitud frente a quien hoy detenta el poder, Cristina Kirchner. ¿Gatúbela?

Terragno, que aunque lleva años en la política en esta película hace el papel de un Robin abierto y confiado, dijo que la va a invitar a ser parte del acuerdo. De hecho, anunció que le va a pedir una entrevista y que, además, ya habló con un colaborador que suele ser objeto del maltrato de la dama pero igual mantiene obediencia hacia ella: Daniel Scioli.

En cambio, Duhalde, que se muestra como un Batman con mil batallas en el lomo, dice que hay que trabajar para dentro de dos años, que con este gobierno no hay consenso posible, para el que sí pidió que “el poder mediático apoye esta idea”.

Quién, en la política, no quiere garantizarse que su programa se pase a cualquier batidora y en varios baticanales.

Seguramente, continuará.


Los escraches y la ética periodística

20 Octubre, 2009

 

El debate surgió en la Redacción de Rosario3.com apenas se conoció, este lunes a la mañana, la intención de un grupo de vecinos de barrio Saladillo de realizar una manifestación frente a la casa del ministro de Seguridad, Daniel Cuenca, para reclamar más patrullajes.

La decisión fue no publicar la información. ¿Por qué? Para no promocionar una práctica, el escrache, que siempre, por más que se trate de vecinos de lo más pacíficos, puede dar lugar a la violencia y que tiene, decididamente, un componente antidemocrático.

No, no es correcto llevar al plano personal y familiar un reclamo –de indiscutible legitimidad– que se debe plantear en el ámbito de trabajo del funcionario y no en el privado.

Con el mismo criterio, por cierto discutible, Rosario3.com tampoco había publicado, por ejemplo, el anuncio de un escrache que Castells había programado al diputado nacional Agustín Rossi.

Sí se hicieron notas cuando las manifestaciones –por ejemplo la violenta marcha que ruralistas hicieron al domicilio del mismo Chivo– se habían realizado.

Pero este martes el tema del escrache finalmente suspendido a Cuenca se metió de lleno en la agenda pública, con repudio del gobernador Hermes Binner incluido. Y en el debate, que volvió a la Redacción, la balanza se inclinó para el otro lado: ya no se podía tapar el sol con las manos.

En realidad, en cualquier tema, que un medio publique o no una información ya no es tan importante. Son tantas las formas alternativas de comunicar algo que hasta cambió la naturaleza de la censura, que además de una práctica repudiable se convirtió en absurda.

Sin embargo, hay cuestiones que aún en la superpoblada autopista de la información quedan en la banquina. El ejemplo más claro es el de los suicidios. Con la certeza de que la publicación de un caso de muerte por mano propia pueda alentar actitudes similares los mismos no aparecen en los medios. Difícilmente algún medio rompa esta especie de acuerdo que incluye a toda la prensa.

La pregunta es: ¿no debería haber una especie de acuerdo similar para prácticas que, como el escrache, parecen demasiada cargadas de autoritarismo? Es, en todo caso, un debate que podría darse puertas adentro del gremio de prensa, como tantos otros que hacen a la ética periodística, un tópico que desde hace tiempo está en crisis.


“Ya me estoy volviendo canción”

5 Octubre, 2009

 Para entender lo que para un artista significaba cantar con Mercedes Sosa alcanza con leer lo que el Flaco Spinetta le escribió tras grabar con la Negra para su último disco, Cantora: “Mercedes: este día cambia mi vida entera. Sos una luz, una voz que me despertará siempre. Gracias”.

El Flaco, un consagrado si los hay, nunca había cantado con la Negra. Y eso se convirtió, después de 40 años de carrera, en todo un hito para él.

Es que Mercedes Sosa conseguía darle otra dimensión a las canciones. Y a los artistas que interpretaba. En eso Cantora, el último disco, grabado pocos meses antes de morir, hace recordar mucho a aquel disco en vivo del regreso de la democracia.

Ese registro del histórico concierto en el teatro Opera tuvo características fundacionales: se convirtió en el reencuentro de la artista, recién retornada del exilio, con el público del que la privó la dictadura militar y, a la vez, en la puerta que se abrió para que los jóvenes y adolescentes que alimentaban con la democracia su sueño de un nuevo país, conocieran esa voz maravillosa, capaz de quebrar barreras y prejuicios, de unir géneros y generaciones dejando de lado cualquier prejuicio.

Algo que se repite en Cantora, donde hay espacio para el folclore, el rock, el tango. Para Serrat, Drexler, Caetano Veloso, Charly García, Soledad y Diego Torres.

Y para el Flaco Spinetta, que quedó contentó como chico con juguete nuevo.

En la versión de “Barro Tal Vez“, todo un himno spinettiano, está la magia de la Negra a pleno. Una canción que los fanáticos del Flaco escucharon miles de veces al derecho y al revés suena distinta en la voz de Mercedes, como si hubiese sido escrita para ella. Que canta como nadie esos versos que encierran toda la potencia de la poesía spinettiana: “Y es que esta es mi corteza, donde el hacha golpeará, donde el río secará para callar”.

Ahora que pasó lo que pasó no parece casual la elección del tema entre los cientos memorables que escribió Spinetta. “Si quiero me toco el alma, pues mi carne ya no es nada, he de fusionar mi resto con el despertar, aunque se pudra mi boca por callar”, cantan la Gorda y el Flaco, un dúo que defintivamente debería haberse encontrado antes, como le pasó a la Negra con el otro enorme flaco del rock nacional.

Pero, como sostiene el dicho, más vale tarde que nunca. No es poco que Mercedes Sosa haya llegado a entonar ese verso que tanto se ajusta a lo que pasa hoy: “Ya me estoy volviendo canción”. Sí, es hora de cantar a la cantora.


Periodistas a debate

25 Septiembre, 2009

Como pasó con el conflicto del campo, la ley de medios divide aguas. Sólo que en este caso lo hace muy particularmente entre un grupo demasiado cercano, o más bien propio: los periodistas.

A propósito, en el programa A dos voces de la semana pasada, hubo, a pesar de su mirada siempre sesgada sobre el asunto, un momento más que interesante: un debate de periodistas sobre el proyecto que se discute en el Congreso.

Sí, los periodistas, directos interesados en el tema, tienen distintas posiciones, algunos en contra, algunos a favor y otros intermedia, y pueden discutirlas desde el respeto mutuo –como lo hicieron en el programa Pepe Eliaschev y Roberto Cavallero, director de la revista Veintitrés–, plantearlas y hasta cambiarlas, porque, la verdad, aunque a veces no lo parezca, existen los matices.

En la provincia de Santa Fe hubo un hecho que marcó la agenda, al menos en lo que hace al tema ley de medios, en los últimos días: el apoyo del socialismo al proyecto oficialista en la votación en general en la Cámara de Diputados.

Periodistas que tradicionalmente opinan desde radios, diarios o canales de televisión fijaron posición sobre el asunto, algunos con (más o menos) elogios, otros con críticas. Y no faltó –entre los que definieron la actitud socialista como “coherente”– quien descalificara a los que sostuvieron lo contrario, bajo la acusación de que no hablaban por convicción propia sino por la de las empresas en las que trabajan.

¿Por qué? ¿No podemos aceptar que el que no piensa como uno igual procede con honestidad intelectual? Así como por su trayectoria resulta difícil emparentar al socialismo con maniobras oscuras, ¿no pasa lo mismo con los periodistas? 

La verdad es que me encantaría presenciar un debate de periodistas lúcidos y honestos como Reynaldo Sietecase, Luis Novaresio, David Narciso, Mauricio Maronna, Alvaro Torriglia, Hernán Lascano. Pienso que ayudaría a la comprensión de un tema que, a pesar de que lo analizamos desde la época de la facultad –terminar con el régimen de la dictadura es un sueño eterno–, no deja de generar discusiones y contradicciones. Ofrecemos Rosario3.com como espacio para hacerlo.

En general no soy de hacer notas donde vuelco directamente mi opinión personal, sobre todo porque para emitir juicios de valor primero hay que tenerlos muy claros y mi terreno personal suele ser el de la duda.

Pero en este caso voy a hacerlo: coincido con los que califican de coherente el voto socialista que, entiendo, estuvo motivado principalmente por convicciones de años. Sin embargo, hubo un error o pecado: haber sobreactuado en la previa al debate una supuesta postura opositora.

Fue eso lo que abrió espacio a las acusaciones planteadas desde el reutemismo y el peronismo disidente y no la opinión de periodistas que, aun siendo críticos con la postura de los nueve diputados que levantaron la mano con el kirchnerismo y el resto de la centroizquierda, abrieron el micrófono para que, como debe ser, unos y otros expresaran su voz.


Comentarista deportivo por un día

8 Septiembre, 2009

Relator de Radio Dolores

 

 

La vida te da sorpresas. La mía, que siempre aspiré a ser periodista político, es que una noche fui comentarista deportivo. Y nada menos que en el partido más importante que se jugó en los últimos 30 años en esta ciudad: el clásico Argentina-Brasil.

Me gusta el fútbol, voy a la cancha de chico. Pero jamás aspiré a ser periodista deportivo. De todos modos, en una Redacción como la de Rosario3.com, en la que somos pocos y todos hacemos de todo, no hay más remedio que ocuparse también de esos temas. Pero nunca más allá de tomar alguna información y escribirla: nada de hacerse el Miguel Tessandori o el Luis Alberto Yorlano.

Hasta el sábado. Paso a relatar: fui acreditado por la AFA para el sector de prensa del Gigante. La idea era tener una crónica con foto de lo que había sido el ingreso a la cancha antes de que comenzara el partido. Llegué temprano, recorrí los alrededores del estadio, vi, tomé nota. Luego ingresé a la cancha y me instalé en un pupitre. Escribí la crónica pero hubo un inconveniente: la prometida conexión a internet no existía, por lo cual fue imposible subirla a Rosario3.com.

Mala suerte. Llegó la hora del partido y me dispuse a mirarlo. Me dije que después escribiría otra crónica o actualizaría la ya hecha para luego subirla desde la sala de prensa. Al lado se sentó un muchacho (el que se ve en la foto que ilustra esta nota)  que, me contó, era relator de una radio de Dolores, provincia de Buenos Aires, y que iba a transmitir el partido por celular.

“¿Te molesta si de vez en cuando te pido una opinión? –me preguntó–, lo que pasa es que esta vez me acreditaron sin  comentarista”.

Le expliqué que no era especialista en fútbol, que sabía mucho más de Reutemann y Binner que de Messi y de Kaká, que ni siquiera trabajo en radio, apenas si de vez en cuando me piden alguna opinión los amigos de Radio 2. No le importó.

A mí me pareció divertido hacer algún comentario. Pero terminaron siendo muchos más que uno.

El primero fue apenas empezado el partido: “Lo veo bien a Argentina, Verón es el eje y hay mucha movilidad de Messi y Tevez. Está muy bien el equipo”, fue, palabras más palabras menos, el concepto. Y después fue una intervención tras otra, con balance del primer tiempo y comentario final del partido incluidos. Está claro que el pronóstico del inicio no se cumplió.

Siempre es divertido hacer algo nuevo. Pero terminé agotado y afónico. Y convencido de que comentar partidos es mucho más complicado de lo que creía: me contradije a mí mismo no menos de cinco o seis veces. Y en el segundo tiempo no hice más que repetir que Brasil tenía todo controlado, que era rápido y efectivo, y que Argentina no tenía cómo dar vuelta el resultado. Es decir, todo lo contrario a lo que había afirmado al empezar el partido. Ah, sí, tuve una reflexión que quiso ser diferente, cuando Julio César le ganó un mano a mano a Milito: “Si el arquero no tapaba el disparo era gol”.

En fin, me sentí el más ridículo de los ridiculos. Vaya desde aquí mi homenaje a los Jesus Emiliano, Luis Ricossa, Alejandro Cachari, David Luis, Pablo Gavira, Marcelo Lewandosky y demás periodistas deportivos de la ciudad. Y a los venerables que escuchaba de chico, como Pablo Saro y Juan Gerardo Mármora. Si necesitan un análisis sobre Reutemann, Binner, y la realidad política provincial y nacional no duden en llamarme.


¿Agentes de Kaos?

3 Septiembre, 2009

 

 

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Se supone que su función es el control. En este caso del tránsito. Pero los agentes de la GUM que este jueves a la tarde cortaban el tránsito en Oroño y Cochabamba, en el paque Independencia, porque en los alrededores de la cancha de Newell’s miles de personas hacían cola para las populares de Argentina-Brasil, miraban impávidos como a 20 metros de ellos los automovilistas se tiraban el auto encima unos a otros, se tocaban bocina, se insultaban, sin que nadie fuera a poner orden.

La imagen resultaba indignante. A esta altura, con la experiencia que distintas reparticiones municipales tienen en cortes de tránsito, ¿por qué no se notifican los mismos cien, doscientos metros antes, para evitar estos cuellos de botella? Y otra cosa: si ponen personal a cortar el tránsito de un lado de la calle, ¿por qué no destinan un par de agentes a ordenarlo del otro lado?

 ”Tenés razón”, respondió el agente de la GUM -un amigo los llama los “Winnie Pooh” por el color de su uniforme y el candor de su tarea- cuando este cronista-automovilista, que en ese momento llevaba una cámara de fotos encima, le preguntó por qué no empezaban a desviar el tránsito a la altura de calle Moreno, cosa que hicieron un rato después.

Para completar la postal odiosa, cien metros al sur, por Oroño, dos “zorros” en moto tenían parado a un pobre tipo con un auto viejo, revisando sus papeles. Está bien, es algo que deben hacer. ¿Pero no hubiera sido más útil que en ese momento intentaran ayudar a resolver el pandemónium de Oroño y Cochabamba? Es cierto, allí no iba a haber multa ni ningún otro método de recaudación.



 
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